martes, 3 de marzo de 2015

Que me extirpen la amígdala para ya no sentir lo que siento por ti.

Que me extirpen la amígdala para ya no sentir lo que siento por ti.

Cuando nos enamoramos, sentimos una sensación hermosa, la sensación de ternura, placer y armonía y más aún cuando estamos con la persona por la cual sentimos amor. El placer de besarla, abrazarla y acariciarla es enorme, la ternura de observar sus cualidades y la armonía de comprender sus defectos y quererlo así.

Conozco el amor desde lo más cercano, pues lo siento todos los días, por mi madre, por mis amigos y por el hombre que está a mi lado. Escuche en una película que el amor es locura, pasión y obsesión, no creo que haya otra forma de describirlo mejor, que esas tres cualidades, sin embargo, no todo es miel sobre hojuelas, cuando menos no para las personas que estando enamoradas no pueden estar con la persona que quiere y desean. Porque así como puede haber personas enamoradas por un ser que observan a lo lejos, hay otras a las que la vida los ha tomado por sorpresa y les arrebató ese gran amor, sin preguntarles si era lo que querían, las cuales a mi parecer son las que sufren más, el duelo que esto compete es tan grande que sólo los fuertes pueden soportar.

He escuchado a los malaventuras en el amor que dicen “me gustaría sacarme el corazón para ya no pensar en ella” o en él, obviamente como cuestión meramente poética, pues se conoce que los sentimientos no provienen del corazón más así lo creen de manera espiritual. Pero, ¿qué tan cierto es ese hecho? Sabemos que como lo dice Daniel Goleman (2007) en su libro Inteligencia emocional   hay dos mentes en nuestro ser, una que piensa y una que siente y que entre más intenso es el sentimiento, más dominante es la mente emocional, y más ineficaz la racional. Es por ello que al momento de un duelo como la descripción anterior y aún en un momento de ofuscación ante el enamoramiento hacia una persona que no te ama, la tristeza es tan grande que la mente raciona no puede reacción y muchos muy a nuestro pesar terminan por acabar con su tristeza.

Pero, volvemos a lo anterior, ¿podrá haber alguna expresión tal como “quitarme el corazón para ya no sentir amor”, en la solución a este sentimiento? Pues sí, Daniel Goleman maneja la amígdala como el centro de toda emoción, no sólo de la tristeza y del amor, sino también de la felicidad y la empatía. Entonces, ¿qué pasaría si te extirparan la amígdala? Pues dejarías de sentir cualquier emoción, sí, incluso la de amor y tristeza por no ser amado. Es la amígdala la que, en una emergencia emocional, dirige a la mente racional mandando alarmas nerviosas. 

Es aquí cuando a nosotros nos pone a pensar, por qué no extirparnos la amígdala, y dejar de sentir dolor a manera de emoción por un ser que amamos, pero, ¿dejar de sentir felicidad por ver a nuestros amigos, a nuestra madre o nuestro padre, hermanos, etcétera, valdrá la pena? ¿Es tan enorme nuestro malestar por el amor? ¿Más grande que lo que las demás emociones nos brinda día con día?

Pasan los años y escucho mucho esa forma de pensar, ¿acaso el amor por una persona es más importante que el amor por tres o cuatro, que el amor por nuestros familiares? O es pura exageración nuestra y realmente lo que tenemos en la vida es mejor que lo que se nos ha quitado o nunca se nos ha dado. Hace falta abrir nuestros ojos y pensar, ¿quiero que me extirpen la amígdala para ya no sentir amor por él o ella pues estoy muriendo? O mis emociones me hacen sentir vivo y hay cosas por las que aún siento felicidad ¿Con cuál de las dos te sientes más identificado?