lunes, 28 de noviembre de 2016

Deberíamos educar de otra manera, sí, de otra muy diferente.

Deberíamos educar de otra manera, sí, de otra muy diferente.

Fui estudiante en una escuela normal durante 4 años, ahí aprendí teoría, análisis, historia, entre otras cosas que hicieron que mi forma de pensar cambiara. Las escuelas Normales se dedican a eso, a formar formadores, es por eso que buscan la manera para que una persona, como yo, que quería ser docente se acercara a las escuelas y viera realmente lo que es la educación, por medio de observaciones y entrevistas, pero lo que realmente te muestra la educación es la práctica, cuando llegó mi momento, el servicio, fue diferente, ahí comencé a comprender que tenía niños totalmente diferentes, cada uno con una necesidad y que así sería siempre. Cada vez que tuviera un grupo sería volver a empezar.

Ahora que ya tengo mi trabajo, que ya no hay un docente conmigo, que sé cómo es la realidad, pienso diferente, llego a la escuela y hago todo lo posible para que mis alumnos aprendan, construyan, trabajen. Pero primero me di cuenta que tenía que hacer que vivieran. La felicidad es vivir con lo que tienen y con lo que pueden llegar a hacer y ser.

Hay que educar de otra manera, enseñándolos a vivir, a explorar, a conocer antes de construir o ser críticos. Me enamoré de mi profesión desde el momento en que entré a ese salón, y no es que ya estuviera enamorada sino que todavía no era una profesionista. Amé cada parte de lo que es ser docente desde que vi que cada uno de mis alumnos tenía distintas necesidades, que la mayoría venia de familias disfuncionales, que sus dificultades eran grandes y que no tenían quien los apoyara, ellos creían que era imposible.

Fue entonces que pensé, necesito hablar con ellos de la vida, para qué les servían todos los aprendizajes, comencé a mostrarles la educación de otra forma, como en realidad debe ser. Que difícil fue, para ellos y para mí, entender que lo anterior no era malo pero tampoco bueno, y que ahora era por ellos y no por sus mamás, su calificación u otra cosa.

Estoy aprendiendo cada día con ellos, yo no enseño nada, ellos me enseñan a mí, a ser paciente, tolerante a vivir, a ser responsable, tener enfoque, porque eso es lo que ellos tienen. Y me apasiona, pues aunque ya salí de la Normal, sigo aprendiendo y construyendo con ellos.


Ver sus caras cuando hacen sus trabajos y me los presentan dando todo lo que pueden dar, eso para mí es satisfacción, es felicidad. Y eso, esos momentos que pasó con ellos apoyándolos, observando cómo se exigen mutuamente y me exigen a mí, eso, específicamente es educar…

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